Malen Itza

feminismo

Yo qué les puedo decir.

Creo en las naturalezas. Creo en lo sagrado. Y es algo que solo se puede percibir.

La razón aun no ha sabido responderme qué es el ser humano. Y para que tenemos todo lo que tenemos. Son las primeras preguntas. Y están latentes. Siempre presentes. Siempre direccionando mis actos. Tengo la angustia de la ignorancia. La materia no me alivia. Quizás me da satisfacción. Pero es efímera. La razón es solo un medio y me siento jodida cuando no tengo el fin. Creo que a veces confundimos razón con lógica. Puedo decir que yo tengo razón en un monton de percepciones. Porque existen. Porque están, porque me hacen reir o llorar.  Porque me siento conectada. Porque si  medito no me siento sin sentido.  Creo que todo el mundo esta conectado. Lo puedo percibir. Y es tan aliviador. Tan maravilloso. Tiene  paz. La paz que encuentro en el abrazo de mi madre.  Una paz a la que no puedo llegar desde el pensamiento. En la que quizás,  la música sea otro transporte.

La materia porta razón. La razón como único camino. La razón como monopolio del ser.

Quizás los seres humanos, en los primeros tiempos, teníamos a la razón como herramienta para desentrañar las emociones. Para trabajarlas, para hacerlas mejor. Quizás era solo una herramienta para ser mejores. Quizás la herramienta se termino convirtiendo en el fin. Y desestimamos todo lo que no provenga de ella. El capitalismo le sirve a eso. Tiene la misma estructura. La de nunca ser fin. Trabajar, trabajar, trabajar para una materialidad que no satisface. Mientras una parte de nosotros nos recuerda nuestra verdadera naturaleza emcional. Y está ahí. Sin ser podada. Desatendida. Pudriéndose y pudriéndonos. Que terrible que es el mundo en manos de quienes tienen materialidad excesiva y están podridos por dentro.

Quizás el feminismo interpele al capitalismo porque nos despierta una parte emocional. La fémina que está en hombres y mujeres. Quizás se trate de  un cambio de paradigma. Un cambio profundo en la manera de percibir la realidad. Cuando pienso en el empoderamiento femenino me pongo a pensar qué tipo de poder es el que queremos. Yo no quiero disputar un poder que tenga la misma naturaleza que el machismo. El machismo que domina al capitalismo. O al revés.  Los acuso de estar íntimamente ligados.  Obvio que acepto que en una etapa de recuperación debe ser aguerrido. Pero yo quiero un poder conectado. Capaz de transformar profundamente. Quiero ese poder de desear el bien que tiene una madre por su hijo, en la capacidad de sanar que tienen los abrazos, el poder que está en el sentimiento de sororidad con tu compañera, en la lluvia, en lo verde, en un río limpio,  en la sonrisa de un pibe y en  los ojos de los ancianos. Quiero ese poder que está en las certezas de las miradas. 


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